Juan Telleria tiene 72 años y este 2026 cumplirá dos décadas como socio del Club Nàutic Cambrils. Unos años en los que ha disfrutado de la náutica y de Cambrils. Asegura que seguirá haciéndolo, ya que pasa más tiempo aquí que en su Pamplona natal.
¿Ya navegaba en su infancia?
Sí, Mi familia es oriunda del País Vasco. Tengo muchísimos parientes y amigos en Zumaia, en Getaria, en Donosti. Y en Donosti pasaba los veranos siempre. Y allí un tío mío tenía lo que entonces se llamaba un balandro. Era un velero. Solíamos salir a navegar y era maravilloso. Tengo unos recuerdos increíbles. Y luego, con el paso de los años, lo dejé porque estuve estudiando y trabajando en Alemania.
¿Qué estudió?
En Alemania estudié Sociología y Antropología. Pero laboralmente me he dedicado al comercio exterior. En temas de exportación, de comercio exterior. Ahora estoy prácticamente jubilado. Viajo todavía un poco. Tengo algún cliente por ahí. Esos clientes que al final son amigos, ¿sabes?
Después de estar en Alemania, que estuve como diez años casi, me casé con una mujer alemana también.
Ah, ¿sí? ¿La conoció allí?
No, la conocí en Pamplona antes de ir a estudiar la carrera a Alemania. En Pamplona empecé Ciencias de la Información. En aquellos tiempos se llevaba ser de la tuna, y yo lo era. Un enero lluvioso, de repente, en un bar de la parte vieja de Pamplona, fuimos y… ¡Anda! ¡Tres chicas! ¡Pues parecen extranjeras, caramba! ¡Pues vamos a practicar un poco el inglés! Una de ellas era mi futura mujer. Estaba de intercambio en un liceo de una ciudad que se llama Pau, en los Pirineos, y estaba haciendo una ruta por España con dos amigas.
Me dijo, ¡Existe Alemania, ven a verlo! Me matriculé de alemán en la Universidad de Navarra, donde yo estaba estudiando. Mi profesor de alemán, que todavía vive, cada vez que me ve, dice… ¡Ah! ¡El alumno que más rápido aprendió alemán de la historia! ¡Por interés! Porque tenía interés. Entonces, fue divertidísimo.
Y, al cabo de un año, que ya sabía más o menos, me fui a Alemania a estudiar. Allí vivimos casi diez años y volvimos a Pamplona.
Ella era funcionaria del Estado. Tenía una cátedra de Instituto de Secundaria. Se cogió una excedencia. Nos establecimos en Pamplona. Me abrí un despacho y mi mujer puso también una academia de idiomas. Me tocaba viajar muchísimo. He viajado más que las maletas del cordobés.
¿Y la náutica?
Cuando vivía en Alemania la única náutica que yo toqué fue el kayak, en el río de la universidad, ahí en Marburg. En algún momento remé en un equipo y tal, pero vamos, ese fue el único contacto con el agua.
A la vuelta veraneábamos en San Sebastián. Pero claro, ya teníamos un niño pequeño. Y luego vino otro, al cabo de cuatro años. Frank y Max. El problema en San Sebastián era la meteorología. Una Semana Santa vinimos a Cambrils para visitar a un amigo que había comprado un apartamento aquí. Y digo, joder, ¿y esto? Qué bonito, qué tiempo, qué maravilla, qué no sé qué. Era el año 92. Nos compramos un apartamento. Encantados es poco. Mis hijos disfrutaron lo que no está escrito aquí.
Nuestro amigo era socio del Club Nàutic Cambrils. Tenía una embarcación y salíamos con él a navegar. Íbamos al Delta, a la Ampolla… A mi mujer también le atraía el mar. Y los niños encantados. Así que compramos una embarcación pequeñita. La bautizamos Max und Moritz, que son como el Zipi y Zape alemán. Por aquel entonces mis hijos eran Max und Moritz, porque eran más malos que la quina, y estaban todo el día haciendo el mono.
Primero estuve de tránsito y en 2006 me hice socio. Y he aprovechado bien todos los veranos.
¿Por qué le gusta navegar?
Primero porque el mar te transmite algo que la tierra no te transmite. El mar es maravilloso. Y si estás dentro, pues mejor todavía. Luego, me gusta la talasoterapia, entre comillas. Quiero decir, me gusta bañarme en el mar, porque es maravilloso. Pero me gusta bañarme en el mar limpio. Es un mundo que me apasiona. A mi escala pequeña, de náutica de bolsillo, como te digo, pero estoy enamorado del mar.
Mi mujer murió hace unos años. Actualmente tengo otra pareja. Y he tenido suerte porque, además de ser catalana, le encanta navegar. Ella es de Barcelona. Y tanto le ha gustado Cambrils que también se ha comprado una casa aquí.
¿Por qué recomendaría el Club Nàutic Cambrils?
La gente que estáis aquí, o sea, siempre fantástica, de verdad. O sea, una amabilidad, una actitud, siempre facilitando las cosas. Yo estoy encantado, pero encantado, de siempre. Y luego, aparte de eso, es un puerto que, para mí, ofrece muchas cosas. Los servicios, desde que se reformaron, están fenomenal.
Ahora prácticamente vivo más aquí que en Pamplona. He vivido en Frankfurt, en Madrid, he viajado mucho, las ciudades grandes no me son ajenas. Pero ya no las tolero. Aquí estoy encantado. Así que… Perfecto.