Entrevista a Xavier Prats: “Mirar a tierra desde el agua es espectacular”.

Xavier Prats nació en Tremp, provincia de Lleida, hace 41 años y es socio del Club Nàutic Cambrils desde hace tres. Asegura que se marea navegando, pero eso no le impide salir con su familia con su embarcación y disfrutar del mar.

¿Por qué vives en Lleida?

Por el trabajo de mi padre, que es policía. Nos trasladamos a Lleida cuando yo tenía 8 años. Estudié derecho y a la vez Mosso d’Esquadra. Y entré en Mosso siendo el más joven de Catalunya, con 18 años. Ejercí durante seis años. No tuve la buena vida ni de estudiante ni de funcionario. Cuando tenía vacaciones de funcionario, tenía exámenes de derecho y cuando tenía vacaciones de derecho, debía trabajar horas de Mossos que me faltaban. Fui un pringado (ríe). A los 21 acabé la carrera. Antes que muchos compañeros míos. Luego hice un máster.

¿Y cómo pasas de Mosso d’Esquadra a montarte tu despacho de abogados?

Por amor. Conocí a Anna, mi mujer, a los 19 años. Si seguía como Mosso, quería ascender, y eso significaba moverme mucho por toda Cataluña. Mi padre ascendió en su día y se divorció. Y yo espero estar muchos años más casado con ella.

Estuve en un despacho de abogados durante años haciendo prácticas mientras era Mosso y entonces trabajé en otro despacho de abogados. Cuando pedí la excedencia de Mosso, me echaron del despacho de abogados y entonces fue el momento de montarme el mío propio. Somos cuatro abogados en la actualidad.

¿Cómo entra la náutica en tu vida?

Por unos amigos que querían sacarse la Licencia de navegación, porque uno quería comprarse una embarcación. Yo me mareo (ríe). Me acabé mareando cómo tenía que ser. Menos mal que con las prácticas, con un poco de ola me refresqué, entonces me pasó un poco el mareo.

Los dos amigos se compraron la barca y la tenían en Hospitalet. Navegaba con ellos y empezó el gusanillo. Me di cuenta de que prefería tener embarcación propia que compartir. Soy una persona previsora ​​y siempre lo he tenido todo muy controlado. Como teníamos apartamento en Cambrils, tenía claro que si compraba un barco estaría en el Club Nàutic Cambrils. Para comprar amarre, debía ser socio, y esto hice hace tres años. Me dijeron que no se llamaba pasillo, si no pantalán y no cuerda, si no cabo. Éste era mi nivel (ríe).

Además, no me gusta la playa ni me gusta el sol. Con este barco me saqué el PER con Agustí en la Academia Náutica del Club.

¿Qué embarcación tienes?

Una Flyer 8, de 10 plazas. Así podemos ir cómodamente los cuatro. Tengo dos hijos, un niño y una niña. También podemos tener invitados. Se llama Orca, de juntar las letras de Jordi y Carla. Está todo estudiado.

¿También pescas?

Sí. Pero nadie me ha enseñado.

¿Qué tal la llegada al Club? ¿Conocías a alguien?

Sí, a un socio de Lleida. Y ahora tengo muy buena relación con mi vecino de pantalán, de Zaragoza. Y con Agustí, el profesor de la Academia.

La experiencia aquí es muy positiva porque al final es una familia y creo que estamos muy bien congeniados. Las instalaciones son magníficas, los pantalanes están muy limpios, se puede amarrar muy bien. La inversión que se ha hecho de las duchas y vestuarios ofrece mucha comodidad.

Y a nivel de celebración hemos estado en la fiesta de Los Palanqueros, que fue todo un éxito el pasado año. O la cena social. Hacéis muchas cosas sociales, pero me es complicado bajar de Lleida.

¿Por qué recomendarías el Club Nàutic Cambrils?

Primero porque está bien llevado. Es un club saneado económicamente con todo muy transparente y que está el socio como en el centro, se trabaja por el socio. Pienso que es un náutico con muchas prestaciones, con mucho futuro y que tiene los suficientes atributos como para estar en el top de los náuticos de Catalunya. Yo hago mucha difusión del Club Nàutic Cambrils.

¿Por qué te gusta navegar, a pesar de marearte?

Porque hay mucha paz en medio del mar navegando. Es una forma de alejarte del mundo. Mirar a tierra desde el agua es espectacular. Es una situación muy bonita y pienso que debe probarse sea alquilando o teniendo una embarcación propia. Es una actividad muy bonita, muy especial y tampoco es tan cara como se dice.