El esqueleto de los crustáceos está formado por quitina y mediante un proceso de desacetilación se obtiene el quitosano. El quitosano es un polímero natural que se puede utilizar por muchas aplicaciones en el campo de la ciencia y tecnología. Precisamente esto es lo que están haciendo dos socios del Club Nàutic Cambrils, Lluís Bosch y Miquel Sisteré. Junto con un equipo de investigación de la Universidad Rovira i Virgili, están creando una pintura antifouling con el quitosano procedente del caparazón de la gamba como principal componente.
Un proyecto que han bautizado con el nombre “Grupo de Investigación Quitosano”.
Miquel Sisteré es médico y investiga el cáncer y enfermedades minoritarias. Colabora con un equipo de la Universidad Rovira i Virgili formado por Joan Rosell Llompart, físico profesor de ICREA; Ricard Garcia Valls, jefe del departamento de química de la URV y Yaride Pérez Pacheco, doctora en química. En su investigación están trabajando en un estudio biomédico para utilizar el quitosano para encapsular medicamentos a nivel nano (pequeño como un virus). Con ello conseguirían introducir medicamentos en el cuerpo y que actuaran directos a la parte que interesa, donde está el cáncer o las metástasis. Su idea es poner medicamentos dentro de unas bolitas formadas por quitosano, y enviarlas a la sangre para buscar el cáncer, disparar allí, y sólo allí.
Para realizar la búsqueda es necesario conseguir dinero. Aquí es donde entró en juego Lluís Bosch. Con él hablaron de cómo incrementar las salidas a su idea base, que es utilizar un polímero, biodegradable y natural para poder utilizarlo en nuestro día a día. Él se movió en busca de gente que se involucrara en el proyecto. Bosch, que además de médico, tiene formación en bioingeniería, planteó crear una pintura antifouling. Después de analizarlo todo, llegan a la conclusión de que es una buena salida, que debe funcionar.
Había que buscar una salida industrial porque la parte biomédica es muy lenta. Se tardan muchos años en conseguir el objetivo, por la multitud de obstáculos y tiempos de espera.
Su producto es bueno por dos razones. El antifouling se hace con cobre, y es contaminante. Con este producto se utilizaría menos cobre y la liberación en el medio sería menor. En segundo lugar, con su producto, la liberación de cobre en el medio sería lineal, muy progresiva. Y duraría todo un año.
El Grupo de Investigación Quitosano ha pedido subvenciones al GALP (Grupo de Acción Local Pesquera). Y es que de momento es un proyecto subvencionado por sí mismos. Todo lo que han gastado ha sido pagado por ellos o gracias a amigos que tienen empresas y colaboran con lo que pueden.
El caparazón de las gambas les suministra Peixos Savall, empresa de Cambrils. Ahora están en fase experimental, creando el antifouling en cantidades pequeñas para ir a realizar pruebas. De hecho ya lo están testando en la L2. Está en el agua desde hace unos días en láminas de aluminio, que están pintadas con resina epoxi y encima tienen una capa de su antifouling. Lo tendrán un año para realizar la prueba.
Grupo de Investigación Quitosano ha buscado otros colaboradores, aparte de Peixos Savall. Masergrup ha entrado en el proyecto a través de Tecnol, con el que ha firmado un convenio mediante la Fundación Rovira i Virgili.
Ahora, a la espera de resultados, el equipo confía en que este nuevo producto pueda adaptarse a las necesidades de los navegantes y que tenga un interés comercial y para las administraciones por ser un producto biosostenible y forme parte de una economía circular vinculada a nuestro territorio.