Fernando Garcia Mariuzza nació en Rosario, Argentina, hace 44 años, y lleva 24 viviendo en Cambrils. En plena pandemia cogió al Barlovento del Club Nàutic Cambrils. Y está feliz con la decisión. Feliz también le hace poder pescar todos los días.
¿Cómo fue tu primer contacto con la náutica?
Mi padre era un enamorado de la pesca y tenía una lancha con la que iba a pescar en el río, allí en Argentina. A mí a los 4 años ya me llevó y me dio una caña de pescar. Aunque él murió cuando yo tenía 6 años, no dejé de pescar con mi hermano. De hecho, con los años nos compramos una lancha propia.
¿A qué te dedicabas en Rosario?
Después de estudiar Bachillerato me puse a trabajar con mi tío, que se dedicaba a la informática. Me gustaba mucho el mundo de los ordenadores e incluso monté mi negocio. Tenía dos empleados. Pero llegó el Corralito y de la noche a la mañana se paró el negocio. Era imposible seguir. Tenía 19 años. Por eso decidimos mi hermano, mi primo y yo, venir a España.
¿Dónde?
Pues teníamos a un amigo en Suecia que tenía un conocido en Fraga con el que habló. Se dedicaba al cultivo de campos y nos dio trabajo con la cosecha de los melocotones. Pero sólo aguantamos diez días. Era muy duro. Además, teníamos los papeles en regla y los compañeros nos animaron a marcharnos a la costa, donde seguro que encontraríamos trabajo. Así fue. Mi hermano vino en autocar a Salou y repartió varios currículos en bares y restaurantes. En el viaje de regreso ya le habían llamado de tres sitios.
Y vinisteis a la costa.
Sí. Alquilamos un piso en Tarragona. Un día vinimos a Cambrils y nos ficharon en el restaurante El Faro. Estuvimos dos temporadas y muy bien. también nos mudamos a Cambrils. cuando plegábamos, por la noche, íbamos al bar Cheers. Y allí que terminé de dueño casi 15 años. Hasta que me salió la oportunidad de quedarme con Barlovento. Tenía la idea de estar entre ambos. Pero elegí al Barlovento. Y me alegro.
¿Por qué el Barlovento?
A mí me atraía. Lo conocía. Cuando salió la oportunidad, no la dejé escapar. Aunque nos enganchó con el Covid. Aprovechamos la pandemia para ponerlo a punto, puesto que estaba pelado.
¿Qué balance haces de tu gestión frente al Barlovento?
Positiva. Éste será el séptimo verano. Cuando abrimos, vendían cuatro socios. Ahora es muy distinto. Han visto cómo el producto es de calidad y confían en nosotros.
De hecho, hace unas semanas recibíais un diploma de la Cofradía de Pescadores de Cambrils por su compromiso con el producto fresco procedente de la lonja.
Cierto. Nosotros y otros cuatro restaurantes de Cambrils. Somos los que hemos comprado pescado de proximidad directamente de la lonja de Cambrils durante el 2025. Nos hace mucha ilusión este reconocimiento. A mí me gusta ir en persona a la lonja, ver qué hay y saber qué compro.
¿Cuántos trabajadores sois?
18 en verano y 6 fijos en invierno.
El Barlovento es un lugar privilegiado dentro del Club Nàutic Cambrils. ¿Qué destacarías del Club?
Considero que tiene unas excelentes instalaciones, todo está muy limpio y ordenado. Los marineros son muy atentos y las chicas de la oficina siempre lo solucionan todo.
¿Y la pesca?
Cuando ya me establecí en Cambrils, me compré una caña e iba al espigón a pescar. Más adelante, cuando pude, me compré la primera lancha, de tres metros y poco. Al cabo de unos años la cambié por la Trampa IV, la actual.
Con la que sales siempre que puedes.
Sí, en invierno, si puedo, casi todos los días. Me levanto a las cuatro y media de la mañana para estar ya en el agua. Lo que más me gusta es pescar dentón, mero, calamar y la pesca de fondo.
¿Siempre sales solo?
Casi siempre. El mar es mi psicólogo. Me relaja, voy a mi bola. Nadie me molesta.
Participas en todos los concursos de pesca del Club Nàutic Cambrils. Y muchas veces ganas. ¿Cuál es tu secreto?
Me conozco la zona como mi casa, son muchas horas. Tengo muchas técnicas y sé cómo se comportan los peces.
¿Por qué recomendarías nuestros concursos de pesca?
Porque están muy bien organizados y hay muy buen ambiente.