Marta Schuhmacher, de padre suizo y madre vasca, nació en Zaragoza en 1953. Allí vivió hasta terminar sus estudios universitarios. Su afición por la náutica comenzó cuando se trasladó a Tarragona junto a su marido por motivos laborales.
¿En qué momento entra el mar en tu vida?
Siempre digo que yo soy más de montaña. Mi padre era un apasionado de la montaña y desde pequeña pasábamos los veranos en el Pirineo. Me sigue encantando.
Mientras estudiaba Químicas conocí a mi marido. A él también le gustaba la montaña, pero sentía una gran pasión por el mar porque desde niño había tenido barco. Mi primer contacto real con la navegación llegó cuando nos trasladamos a Tarragona.
Un compañero de carrera, también muy aficionado al mar, tenía una pequeña embarcación en el náutico de Tarragona y fue ello lo que nos hizo escoger Tarragona como ciudad para vivir.
¿Y qué tal la experiencia?
Muy buena. Con el tiempo el mar me terminó apasionando tanto como la montaña. De hecho, tuvimos antes un barco que una casa. Nada más llegar nos hicimos socios del náutico de Tarragona y estuvimos allí hasta 1992, cuando compramos nuestro segundo barco, el Aitor II.
¿Y de dónde viene el nombre de Aitor?
El primer barco ya se llamaba Aitor y decidimos conservar el nombre. Cuando llegó el siguiente, simplemente pasó a llamarse Aitor II.
¿Por qué decidisteis cambiar de Club?
En aquella época, el club de Tarragona estaba situado en medio del puerto industrial y el puerto pesquero, y eso hacía que salir a mar abierto fuera bastante complicado, necesitando más de media hora en llegar a aguas abiertas.
¿Te sacaste las titulaciones náuticas?
Sí, cuando llegué a Tarragona. Y más que por necesidad, fue por curiosidad. En el Club hacíamos reuniones y utilizaban muchos términos náuticos que yo no entendía. Así que decidí sacarme el título de patrón de yate.
Lo preparé por libre, sin asistir a clases. Cogí los libros y estudié en casa. Mi marido sabía más que yo y le preguntaba las dudas que me surgían. Además, quedé tercera de mi promoción en Barcelona. Por aquel entonces los exámenes duraban cinco días, desde las tres hasta las siete de la tarde.
¿Hacíais largas travesías?
Sí. Con nuestro barco de 23 pies llegábamos hasta Alicante y Mallorca.
¿Cuántos hijos tuvisteis?
Dos chicos. Desde que tenían apenas quince días ya venían con nosotros al barco.
¿Y ellos siguen navegando?
Uno de ellos muchísimo. Le apasiona el mar. De hecho, ahora mismo está dando la vuelta al mundo con su familia.
Vivieron durante años en Nueva Zelanda. Fueron desde Francia hasta allí navegando y se quedaron trabajando diez años. Allí nacieron sus dos hijos y ahora llevan tres años recorriendo el mundo en barco. Mis nietos tienen siete y diez años y estudian a bordo; sus padres hacen de profesores. Todavía les quedan un par de años más antes de regresar a Nueva Zelanda.
¿Cómo has visto evolucionar el Club desde que llegasteis?
Antes era un club mucho más pequeño y familiar. Con los años ha crecido y evolucionado muchísimo. Estoy contenta con cómo está ahora, aunque recuerdo con cariño aquella época en la que había tantos niños jugando por todas partes.
¿Sigues navegando aunque tu marido falleció hace años?
Sí. Salgo con mi otro hijo que vive en Tarragona. También salgo con amigos del club.
¿Qué es lo que más te gusta de navegar?
Me encanta estar fuera de casa y, si además es en plena naturaleza, todavía más. Cuando voy a visitar a mi hijo y estamos fondeados en lugares donde solo hay árboles, pájaros y silencio, soy feliz.
He podido conocer sitios increíbles como Indonesia, Tailandia, Madagascar o Brasil. Lugares llenos de corales, peces y una naturaleza espectacular.
¿Por qué recomendarías el Club Nàutic Cambrils?
Creo que es uno de los mejores y más bonitos clubs de toda la costa y siempre lo ha sido. Sobre todo, por su ubicación, en pleno centro del pueblo y con muchísima vida alrededor. Como entorno es fantástico y las instalaciones también. Además, pienso que en los últimos años la comunicación y la organización han mejorado mucho. Vamos mejorando en todo.