Marcelo Caro nació en el año 2000 en Reus. A los 7 años ya navegaba en Optimist. A sus 26 se está preparando para participar en la modalidad de vela Formula Kite en las próximas Olimpiadas.
¿Cómo fue que conociste el Club Nàutic Cambrils?
Fue a través de una excursión en el curso de tenis que estaba haciendo. Veníamos a probar deportes náuticos un día. Me gustó tanto que me apunté en el curso de vela del verano. ¿Cómo podía ser que un niño de Reus no supiera que existe la vela? Ese primer verano ya terminé en el equipo de regatas. Y en 2007 ya había hecho mi primera regata.
Y con Optimist, ¿qué ganaste? ¿Cuáles fueron tus títulos más preciados?
Mi mejor año fue el 2012, que con 11 años gané el Campeonato de Catalunya, absoluto. Quedé también tercero de España.
¿Cuándo fue el salto a láser?
Cuando estaba haciendo la progresión en Optimist, que lo estaba haciendo muy bien, empecé a crecer mucho, y enseguida decidí pasarme al láser. Ahora llamado Ilca. Tenía 13 años. Competí siete años, del 2013 al 2020, que es cuando me lesioné y tuve que hacer un cambio.
¿Cómo fue tu etapa con láser?
Pasé por Láser 4.7, Radial y Estándar. Los títulos que más destaco son ocho veces Campeón de España, tanto con el 4.7, con el radial y el estándar, con los 3. Y campeón de Europa en el 2017, subcampeón de Europa en el 2018. También un momento muy especial para mí fue cuando pude ir a China, al Mundial ISAF, representando a España.
¿Qué recuerdo tienes de tu etapa con la vela infantil?
Buenísimo. Sobre todo por haber compartido muchos años aquí en el Club, con muchos amigos que todavía conservo, haber podido viajar a un montón de sitios… Y además fue como una formación. Mi familia siempre me ha acompañado en todas partes, mi padre con la lancha, y mi madre, y mi hermano, también. Íbamos los cuatro de regata, siempre. Siempre hemos tenido su soporte.
En 2020 llegó una importante lesión.
Sí. El láser es un barco que tiene unas características muy determinadas, que requiere una altura mínima, y yo no soy muy alto. Entonces, la fuerza que debía hacer para compensar esa carencia involucraba una tensión excesiva en la rodilla y en el tobillo. De hecho, estuve mis últimos tres años aguantando infiltraciones, con mucho tratamiento de fisio. En mi cabeza ya tenía la idea de buscar un proyecto fuera del láser, básicamente para alargar mi vida deportiva, y realmente competir en una clase que yo sepa que puedo ser competitivo. Estuve parado unos seis meses, hasta que se me cruzó la oportunidad de navegar en kite.
Estuve el primer verano aprendiendo en Tarifa. Navegaba unas cinco horas al día. Me gusta mucho. Pero básicamente lo que yo quería era seguir estando en el agua. Ahora llevo unos cinco años con el Formula kite.
¿Cuál ha sido tu evolución?
El primer año fue formación, y los siguientes dos años compartí proyecto con el equipo olímpico femenino, concretamente con Gisela Pulido, con quien estuve de sparring y de cadi, el encargado de la puesta a punto del material. El proyecto llegó hasta París 2024, y estuvimos en Marsella… Todas mis horas del día estaban ocupadas en ir al agua, entrenar, volver, realizar un análisis del GPS, hacer un análisis de los vídeos, volver a poner a punto el material utilizado, ver cómo podía mejorar esto… Una jornada que no tiene horario.
¿Qué tal en tu experiencia en las Olimpiadas de París?
Tiene un aura y una magia en torno a que… que no se puede replicar.
¿Y después?
Cuando terminé el proyecto con Gisela, paré a pensar. “Ostras, tengo cuatro años más por delante, hasta la siguiente campaña, ¿qué hago?”. Decidí competir para mí, hacer un proyecto personal y luchar por esta campaña del 2028. Empecé a entrenar y competir y ya he sido Subcampeón de España. Acabo de volver del Mundial en el que he quedado 41.
¿Cuál es tu siguiente reto?
El europeo en Turquía en septiembre. El objetivo es clasificarme por el Mundial del próximo año en Brasil, en 2027, que es la primera regata donde hay plazas olímpicas en disputa. Hay 8 primeros países que se clasificarán en los Juegos Olímpicos. Por tanto, es importante estar seleccionado nacionalmente. O sea, es clasificatorio por el Mundial. Este año es como un trampolín para el próximo año poder disputar lo que son las grandes regatas.
¿Crees que te has adaptado bien al kite?
Sí, disfruto mucho. Me encanta estar en el agua. Lo que me define a mí es la presión de una competición, de estar en la línea de salida, de ponerme junto a otra persona e intentar sacar lo mejor de mí. Esto es lo que me hace vivir.
Primero tenía que entrenar y cambié un poco el chip, diciéndome a mí mismo que “Quizás sí que lo puedo pasar bien en el agua, sin la necesidad de competir”. Pero una vez tuve el nivel de poder decir, “Ostras, ya puedo disputar el campeonato de España, ya puedo pensar un poco más allá”. Aquí es donde he vuelto a ser lo que yo buscaba.
¿Por qué le recomendarías el Club Nàutic Cambrils a un niño o niña que empiece ahora con el Optimist?
El Club Nàutic Cambrils es un club que tiene una base deportiva histórica. Sin un club detrás que te apoye, no puedes asistir a las regatas, y precisamente el CNCB apoya la vela ligera, y esto es muy importante en la base, en la vela escolar.
De hecho, de vez en cuando has hecho entrenador. ¿Te gusta?
Sí, sí, lo disfruto mucho. Últimamente he estado con los Optimist de iniciación, que son chicos y chicas de 7 y 8 años y es una pasada. Es como revivir mi infancia.